El carisma de Lloyd y Fox sostiene la película con una química incombustible.
Thomas F. Wilson brilla interpretando a "Mad Dog" Tannen, el villano más peligroso.
Dirección dinámica con un clímax del tren que es una proeza técnica de tensión.
Banda sonora magistral que equilibra el estilo clásico con nuevos matices country.
Doc Brown toma el protagonismo absoluto con un arco emocional y romántico muy humano.
Magnífico cierre nostálgico que recupera el corazón y la sencillez de la primera entrega.
La ambientación divide a quienes prefieren la ciencia ficción urbana frente al Western.
Se percibe como la entrega menos ambiciosa en cuanto a paradojas y giros temporales.
La frescura del guion y el interés del romance generan cierta discrepancia crítica.
El personaje de Jennifer queda totalmente relegado y desaprovechado durante la película.
Algunos gags resultan repetitivos al calcar esquemas de las dos entregas anteriores.
Conveniencias de guion cuestionables sobre la gasolina y la reparación del DeLorean.
El desenlace del duelo final con Tannen se basa en un truco previsible.
La resolución del tren volador rompe la lógica científica establecida por el propio Doc.