Skarsgård y Montgomery brillan con interpretaciones llenas de carisma y tensión, bien respaldados por la presencia de Al Pacino.
Gus Van Sant recupera su mejor nivel con una dirección elegante que prioriza la psicología frente al sensacionalismo.
Guion sólido que equilibra suspense, comedia negra y una crítica al sistema mediático y financiero.
Impecable recreación de los setenta: transmite la asfixia del secuestro y el circo mediático que lo rodeó.
Ritmo pausado y enfoque casi documental que divide entre quienes valoran su realismo y quienes esperaban un thriller más intenso.
La ambigüedad moral de la historia genera un debate muy incómodo sobre quién es realmente la víctima y quién el villano.
Personajes secundarios poco desarrollados más allá de su función narrativa.
Peca de un tono demasiado frío y distante.