Stephen Graham y Andrea Riseborough ofrecen interpretaciones excelentes que sostienen gran parte del peso dramático.
Jan Komasa construye un thriller psicológico incómodo y provocador sobre la reeducación y el control moral.
Atmósfera opresiva que mantiene una sensación constante de incomodidad.
Interesante reflexión sobre la violencia, la disciplina y la masculinidad tóxica contemporánea.
Tono híbrido entre thriller psicológico, sátira social y drama que divide bastante al público.
Ritmo pausado y desarrollo irregular que pueden hacer que la historia se sienta más larga de lo necesario.
Algunos personajes secundarios quedan poco explorados pese a su importancia en la trama.
El guion no termina de desarrollar con suficiente profundidad una premisa tan potente.
El desenlace resulta ambiguo y deja sin cerrar varios elementos clave de la historia.