Ambientación y vestuario que recrean con maestría el París bohemio de la Belle Époque.
La fotografía luminosa y la dirección de Klapisch rinden un hermoso homenaje al arte impresionista.
Interpretaciones sólidas, destacando el magnetismo y la elegancia de la joven Suzanne Lindon.
Descubrir la conexión de Adèle con las grandes figuras de 1895 entrelaza ambas épocas magistralmente.
Opinión dividida sobre la solidez del guion y la ausencia de conflicto real.
Que los herederos donen la casa como museo parece poético para unos e irreal para otros.
El mensaje final sobre abandonar las pantallas modernas se percibe como inspirador o demasiado moralista.
La excesiva cantidad de herederos en el presente diluye el desarrollo individual de los protagonistas.
Que gran parte del misterio histórico se resuelva por pura casualidad resta peso a la investigación.
El regreso de Adèle con su novio es un cierre conservador que traiciona el espíritu libre del filme.