Guion magistral y original que funciona como un mecanismo de relojería suizo.
La dirección de Zemeckis es brillante, clara y con un ritmo narrativo muy trepidante.
Michael J. Fox y Christopher Lloyd logran interpretaciones icónicas, carismáticas y perfectamente compenetradas.
Banda sonora inolvidable de Alan Silvestri que potencia la emoción y la nostalgia ochentera.
Efectos especiales efectivos y una ambientación de los años cincuenta cuidada al detalle.
Obra maestra atemporal que define el entretenimiento de los ochenta con encanto y frescura.
El final abierto resulta emocionante y transporta al espectador con ansiedad hacia la secuela.