Una aventura de supervivencia clásica que encuentra su mayor acierto en la relación entre Brad Pitt y su compañero canino, con una interpretación física y convincente del actor y un perro que acaba robándose buena parte del protagonismo. Destacan también la espectacular fotografía, los paisajes naturales y algunas secuencias de acción que aprovechan muy bien el entorno salvaje. Sin embargo, su historia resulta bastante previsible y recurre a situaciones poco creíbles, mientras que los flashbacks bélicos y el exceso de sentimentalismo restan naturalidad al relato. También se le reprocha cierta repetición en las situaciones de peligro y un discurso militarista que no termina de encajar. Entretenida y emotiva, funciona mejor como aventura directa y sentimental que como un relato de supervivencia especialmente original.