Entretenimiento ligero y eficaz para audiencias que solo busquen desconectar sin esperar nada a cambio.
La intervención de Sacha Baron Cohen revitaliza la cinta, aportando frescura y energía.
Hay una opinión muy dividida sobre la química entre Wahlberg y Hauser: para unos funciona y para otros no.
Es una comedia de humor tosco y escatológico con gags que, la mayoría de las veces, fallan estrepitosamente en su ejecución.
La trama es errática y se apoya en una base narrativa muy débil, forzando situaciones que resultan totalmente artificiales.
La dirección de Peter Farrelly es plana y carece por completo de la chispa e irreverencia de sus grandes obras clásicas.
El ritmo es muy irregular, lo que acaba generando una sensación de excesiva duración a pesar de ser una comedia simple.
El escenario brasileño está tratado como una caricatura superficial y llena de tópicos que carece de cualquier autenticidad.
Las situaciones supuestamente cómicas se sienten forzadas, como si intentaran recuperar un estilo de humor que ya no encaja.
La resolución de los conflictos es tan floja y perezosa que confirma la falta de esfuerzo que hay detrás de toda la película.