Tras una devastadora pérdida, el príncipe Vlad II, conde Drácula (Caleb Landy Jones), renuncia a Dios y es maldecido a la vida eterna, condenado a vagar solitario a lo largo de los siglos. Este es el relato sobre la historia de amor jamás contada del infame vampiro, que desafiará al destino y la mortalidad en busca de su amor perdido.
Bebe bastante de la película Drácula de Bram Stoker (1992), de Francis Ford Coppola, pero consigue tener su propio encanto. Me ha gustado la caracterización de Caleb Landry Jones como Drácula, así como las interpretaciones de Zoë Bleu y Christoph Waltz. Visualmente es muy atractiva gracias a su fotografía, los escenarios y el vestuario de época. La banda sonora acompaña bien. En conjunto, es claramente inferior al clásico de Coppola, pero aun así funciona como un entretenimiento digno.