Cuando el visionario arquitecto László Toth huye de la Europa de posguerra en 1947 para reconstruir su legado y ver el nacimiento de la América moderna deberá buscarse la vida para subsistir y traer a su esposa Erzsébet de vuelta.
Impresionante que, con solo 36 años, Brady Corbet haya logrado crear una obra de esta magnitud. La historia está muy bien construida, con grandes interpretaciones, una fotografía impecable y una banda sonora perfecta que vuelve muchas secuencias completamente hipnóticas. Basta con ver sus primeros minutos para darse cuenta de todo el cine que hay en ella.
Aunque no guarda relación alguna con Pozos de ambición (2007) de Paul Thomas Anderson, la experiencia me ha resultado similar: ambas atrapan, fascinan y consiguen mantenerte en vilo durante todo su metraje.
Creo que sin duda ganará el Oscar a Mejor director y quizá también se lleve el de Mejor película, aunque preferiría que este ultimo se lo llevará The Substance (2024), algo poco probable.