Grace (Nicole Kidman) vive en un aislado caserón victoriano y educa a sus hijos dentro de estrictas normas religiosas. Éstos sufren una extraña enfermedad: no pueden recibir directamente la luz del día. Los tres nuevos sirvientes que se incorporan a la vida familiar deben aprender una regla vital: la casa estará siempre en penumbra; nunca se abrirá una puerta si no se ha cerrado la anterior.