Estados Unidos, década de 1970. Seguimos al brillante Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una obra de arte en sí misma.

Después del sexo en Nymphomaniac, Lars von Trier sigue desatado y nos trae su visión de la violencia en esta retorcida propuesta que se centra únicamente en la mente enferma de un psicópata, al principio es muy interesante pero pronto termina convirtiéndose en un excesivo y pesado viaje que no aporta nada más que locura, no hay thriller, no hay tensión, es sólo provocación tras provocación... Tiene esos grandes toques de humor negrísimo, cruel y brutalmente incorrecto y también cuenta con un excelente Matt Dillon que no brillaba tanto desde Crash (2004), aunque de poco sirve si no hay trama que acompañe..., una lástima por que con otro enfoque a mi me hubiera funcionado realmente bien.